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Noviembre 14, 2004

Hay un mundo entero ahí afuera

Hay un mundo entero ahí afuera
Jose Luis de Vicente
En el catálogo de ArtFutura 2004: Realidad Aumentada

Revisar la historia de la cultura digital desde el final de un año como 2004 es un ejercicio emocionante: desvela que pocos momentos han sido tan cruciales como el actual. Los últimos meses acumulan episodios que pueden acabar revelándose tan trascendentales como la célebre demostración pública en 1968 en que Douglas Engelbart muestra por primera vez iconos y ventanas en una pantalla que controla con un ratón, convirtiendo un sistema informático en un espacio de metáforas visuales. Como el lanzamiento del Apple Macintosh en 1984, que aprovecha las ideas de Engelbart y otros pioneros del interfaz gráfico para concebir el ordenador personal, un producto que desencadena una transformación en todos los órdenes sociales. O como la apropiación por parte de la sociedad civil a mediados de los 90 de una herramienta científica y militar para la difusión de información a escala global, la Red, gracias a la invención de un protocolo que la hace accesible a todos (la World Wide Web) y del interfaz idóneo para recorrerla, el navegador.

La revolución que se gesta delante de nosotros en estos precisos momentos es más dispersa y escurridiza, y no resulta tan simple situarla en el calendario ni poner nombre y apellidos a sus responsables como en ocasiones anteriores. Pero, como menciona el histórico teórico de la cibercultura Howard Rheingold en su fundamental Multitudes Inteligentes, las señales están en todas partes. Están en la manera en que la explosión de una tecnología como la telefonía móvil (quizás la más exitosa y de más rápida implantación desde los inicios de la era digital) se emplea con fines que van mucho más allá de la comunicación lineal uno-a-uno de su antecesora, y trasladan a las calles tácticas y prácticas “de muchos-a-muchos” nacidas en las comunidades virtuales de Internet. Los ejemplos pueden ser banales, como la práctica del Toothing inventada por los jóvenes en los bares de solteros británicos, que aprovecha la capacidad de los móviles con Bluetooth para detectar automáticamente otros teléfonos en un radio de 10 metros para intercambiar de manera anónima mensajes lascivos que acaban en encuentros sexuales furtivos con extraños. En otros casos se trata de la transformación de pequeños aspectos de la cotidianeidad; quién no ha aprovechado una herramienta como los SMS para organizar sus citas de manera más flexible y dispersa gracias a la capacidad del móvil para redefinir lugar y hora de encuentro sobre la marcha, en tiempo real. (El propio Rheingold menciona que su concepto de “Multitudes Inteligentes” se inspira en la manera en que los adolescentes japoneses se encuentran por la ciudad, agrupándose y dispersándose sin plan previo y de forma coordinada gracias a su habilidad para intercambiar mensajes de texto).

Pero las señales también están en los trascendentales e históricos acontecimientos del 13 de marzo de 2004 en España, en el que un simple SMS que empezó a circular de móvil a móvil, multiplicando exponencialmente su fuerza a medida que iba pasando por la agenda de direcciones de cada aparato, consiguió que en seis horas miles de personas se encontrasen en las calles de las principales capitales del país en manifestaciones espontáneas que no habían sido convocadas por ningún canal oficial. Las protestas se debían a la política informativa del gobierno del Partido Popular sobre el atentado terrorista que dos días antes había matado a 191 personas en el centro de Madrid, y fueron un factor decisivo en la inesperada derrota electoral que el partido en el poder sufriría 24 horas más tarde. Hasta el día de hoy sigue la polémica sobre si “la noche de los móviles” fue producto de los actos espontáneos de ciudadanos que percibían que estaban siendo engañados, o si la convocatoria había sido animada por opositores políticos del gobierno, que promovieron de manera directa la difusión de los mensajes. Ninguna de las dos posibilidades cambia dos cosas fundamentales. Por una parte, una tecnología de comunicación personal se empleó por primera vez para generar y coordinar una acción colectiva de la ciudadanía en las calles, con profundas repercusiones políticas. Por otra, la fuerza de la convocatoria hizo que los medios de comunicación se hiciesen eco de las protestas, y en el proceso, difundieron aún más su mensaje y multiplicaron su alcance. Alli confluían tres diferentes dimensiones del espacio público: digital, urbano y mediático.

Si las nuevas herramientas móviles y portátiles que captan y transmiten información pueden utilizar a los medios convencionales como altavoz y caja de resonancia, una pequeña cámara digital puede ser todo lo que haga falta para disparar un escándalo político. Es el caso de las fotos de abusos a presos iraquíes en la prisión de Abu-Graib, y de las imágenes de ataúdes de soldados norteamericanos que escaparon a la censura del ejército estadounidense en la memoria de alguna tarjeta flash y acabaron en todas las cadenas de televisión del mundo. Al igual que ocurrió en el caso de la telefonía, cuando las herramientas se digitalizan y se vuelven tan pequeñas y asequibles que pueden llegar literalmente a cualquier sitio, en manos de cualquiera, los cambios pueden ser dramáticos. Indignado y entre balbuceos, el secretario de defensa de la administración Bush Donald Rumsfeld lo explicaba así en una declaración ante los miembros del senado estadounidense en mayo de 2004:

Estamos operando - con requisitos legales y en tiempo de paz - en una situación de guerra en la era de la información, en la que la gente corretea por ahí con cámaras digitales, tomando estas fotos increíbles y haciéndolas circular, de manera ilegal, hacia los medios de comunicación, cuando ni siquiera habían llegado al pentágono. Cómo he indicado en mis observaciones, estamos descubriendo constantemente que procedimientos y hábitos heredados del siglo pasado que son producto de décadas de evolución no son válidos en el siglo XXI. No son compatibles con la era de la información, no encajan en un tiempo en que cualquiera lleva encima una cámara digital. (…) Si combinamos las cámaras de fotos digitales con los canales de noticias que emiten 24 horas, el impacto que un incidente como éste puede tener es enorme.

La Realidad Aumentada (la superposición de elementos virtuales sobre el espacio real en la percepción de un usuario) es una tecnología concreta con aplicaciones específicas, y sus orígenes teóricos no están muy alejados de los de la tecnología que parece haber venido a sustituir, la Realidad Virtual. La edición 2004 de ArtFutura no gira en torno a esta tecnología. Lo que nos interesa no es si las implementaciones de este concepto acabarán encontrado un espacio en las prácticas sociales, científicas y artísticas, o si pasarán a engrosar las filas del célebre museo de dead media que mantiene el novelista cyberpunk Bruce Sterling. Lo verdaderamente importante, al igual que ocurría en 1990 con la Realidad Virtual, es que es una metáfora cultural acertada para describir el zeitgeist, para explicar de qué manera entendemos el papel de la tecnología en el espacio social vigente y cómo proyectamos sobre ella, en forma de narrativas más o menos tecnoidílicas, nuestras ansias y necesidades de transformación y cambio.

Del sueño de la Realidad Virtual a la Realidad Aumentada, de 1990 a 2004, hay todo un viaje, una evolución hacía posturas menos utópicas, más pragmáticas, un proceso de recalibración de nuestras expectativas e intuiciones. Ni los referentes más importantes del pensamiento tecnológico en estos quince años, ni ArtFutura, pueden presumir de no haber sido en más de una ocasión extremadamente cándidos y, en otras, profundamente banales. Pero ese viaje ha supuesto todo un proceso de aprendizaje del que podemos extraer muchas conclusiones.

La más importante quizás es que, cómo ya había intuido William Gibson, son las cosas simples y pequeñas las que acaban cambiándolo todo. Un adolescente inventa un sistema para intercambiar canciones con sus amigos y desencadena un proceso vírico que acaba poniendo de rodillas a toda una industria. Unos techies inventan un sistema para que cualquiera pueda actualizar su página web diariamente aunque carezca de conocimientos de programación, y obligan a repensar el papel de los medios de comunicación a escala global. Y no hace falta seguir hablando de todo lo que se puede conseguir cuando puedes enviar instantáneamente 160 caracteres de texto a cualquier persona allá donde haya cobertura. La primera línea de frente en el que estos cambios se dejan sentir es principalmente en la vida diaria de los habitantes de los países desarrollados. (Probablemente ninguno de los catálogos de ArtFutura anteriores contiene tantas veces la expresión “experiencia cotidiana.”)

La Realidad Aumentada no es, por lo tanto, una visión tecnoutópica más: es el estado en el que entramos a medida que vamos progresivamente acercándonos a tocar con la punta de los dedos el sueño de Vannevar Bush, J.C.R. Lidlicker, y Douglas Englebart. Los auténticos visionarios que entendieron que en un mundo en que la complejidad crece exponencialmente a velocidad de vértigo, la función crucial de la tecnología de la información es “aumentar” las capacidades del intelecto humano. La fase inicial de este estado, por supuesto, tiene mucho más de crisis y de conflicto que de utopía.

José Luis de Vicente es periodista y comisario artístico especializado en cultura digital, arte y tecnología. Desde 1999 forma parte de la organización de ArtFutura, donde actualmente ocupa el puesto de subdirector. Durante los 3 últimos años, ha realizado además proyectos de comisariado para organizaciones y festivales como el FAD, La Caixa, Sónar, OFFF y otros. Es miembro de Elástico (www.elastico.net), una plataforma de generación de contenidos sobre culturas emergentes.Durante cuatro años escribió sobre sociedad y cultura tecnológica en el diario El Mundo. Actualmente colabora con El Periodico de Catalunya y en publicaciones internacionales sobre arte y diseño como Camerawork (USA) y Shift (Japón). Desde 2002 imparte clases en la Escuela de Diseño Elisava de Barcelona sobre teoría e historia de Internet y medios interactivos.

José Luis de Vicente
Comentarios

Muy interesante. Este artículo es todo un viaje:)

Puesto por Siddhartha a las Noviembre 15, 2004 12:22 AM

Comisario, me jode tener que ser yo el que enfríe los ánimos, pero...

¿Usar el Bluetooth para petar un bul en el cuarto oscuro es progreso? ¿O más bien incomunicación?

Los pequeños cambios cualitativos que acaban por poner de rodillas a toda una industria... ¿sirven para bajar el precio de la vivienda?

¿Dónde cojones está el proyecto de Rheingold? ¿En usar la PDA en el WC de un trabajo cada vez más precario?

Perdonad mi mala leche, es domingo noche y mi hijo está enfermo.

Puesto por Nemo a las Noviembre 15, 2004 12:49 AM

"estamos descubriendo constantemente que procedimientos y hábitos heredados del siglo pasado que son producto de décadas de evolución no son válidos en el siglo XXI."

a qué procedimientos se refiere rumsfeld? qué implica que sean 'no válidos en el siglo XXI' o 'incompatibles'?

Puesto por un dos tres a las Noviembre 15, 2004 03:35 PM
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