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Mayo 06, 2005

¿quién diseña nuestras ciudades?

billboard.jpgEs habitual que los vecinos de un área de entretenimiento -léase zona de bares y terrazas- saquen a la calle pancartas y protestas contra el ruido que no les deja dormir. Lo he visto en Malasaña, en Chueca, en Lavapiés y en el barrio del Raval durante los días de Sonar. El ruido publicitario, sin embargo, es como el olor a gas: hace falta salir del epicentro de la contaminación para percatarse de que existe. Nadie lo nota, nadie protesta. Pero las calles, carreteras, estaciones de metro, paradas de autobús, edificios, plazas y otros soportes publicitarios no nos dejan pensar.

Cuando vemos la tele, escuchamos la radio o leemos un diario gratuito, entendemos que los anuncios es el precio que tenemos que pagar por seguir disfrutando del servicio. Hay quien se abona a la televisión de pago para no tener que ver anuncios. Numerosos medios online ofrecen suscripciones sin banners y hay quien da wifi gratis a cambio de publicidad. Quien no quiere pagar ese precio se busca un servicio de pago que le ahorre la publicidad pero ¿quién decide por nosotros en nuestra propia calle? Vayamos a donde vayamos nos persiguen mujeres semidesnudas, teléfonos de última generación, instantáneas de familias viajando en coches de lujo. ¿Qué es exactamente lo que estoy pagando? Y, sobre todo, ¿no lo estaba pagando ya?

La publicidad no es barata. Ni mucho menos. Colocar un anuncio en los pasillos del metro o en la marquesina del autobús es una pasta marinera. La empresa publicitaria paga el alquiler del espacio y recibe un beneficio de la compañía que la contrató. La compañía vende más unidades del producto que se anuncia y todo el mundo recupera con creces su inversión. Pero al final del día, la que paga las marquesinas soy yo, y todavía no sé cuál ha sido mi beneficio. ¿Me ahorro algún impuesto? ¿Me mandan un cheque-descuento a final de mes? El ejemplo más escandaloso, desde mi punto de vista, es el de los anuncios que cubren las casas en rehabilitación. El ayuntamiento es muy estricto con las fachadas de las casas y no tolera que se pinte un balcón de distinto color o que se cuelgue un aparato de aire acondicionado en las calles más representativas de la ciudad. Y cumplimos. ¿Por qué toleramos entonces que nos forren la casa con el logo de una multinacional? ¿Es mi cocina un servicio comunitario? ¿Quién cobra ese dinero y dónde está la parte que me corresponde de esa publicidad? ¿Alguien puede enseñarme los libros de cuentas?

Bergen vs Clear Channel. En otro lugar del mundo, la formidable Jill Walker cuenta: El ayuntamiento de Bergen está planeando vender nuestra ciudad a Clear Channel, el publicista, gigante mediático, abusón de los derechos de los trabajadores y matón de la indústria discográfica, del mismo modo que Oslo se ha vendido también.

Los ciudadanos más activos de Bergen han comenzado una campaña de recogida de firmas para limpiar su pequeña ciudad de publicidad abusiva. Tienne un blog: Byen vår (nuestra ciudad). Y éste es el lugar donde se explica (en claro y contundente noruego) por qué vender tus calles a las multinacionales americanas no es tan buena idea.

Marta Peirano
Comentarios

Interesante perspectiva la de los anuncios..

Pero imagino que si no tuvieses esos ingresos por los anuncios, nos sangrarían por otra parte.. Así que en cierta forma sí salimos beneficiados.

Puesto por Lucas a las Mayo 8, 2005 11:58 PM

Lo del ruido se debe a la dejación de los ayuntamientos y de la policía. Dejan hacer, igual que dejan circular bicicletas por las aceras. Los ingresos publicitarios son indispensables. Los concejales precisan malgastar.

Puesto por Vicente Torres a las Mayo 9, 2005 12:23 PM

Lo del ruido se debe a la dejación de los ayuntamientos y de la policía. Dejan hacer, igual que dejan circular bicicletas por las aceras. Los ingresos publicitarios son indispensables. Los concejales precisan malgastar.

Puesto por Vicente Torres a las Mayo 9, 2005 12:24 PM

En mi barrio (Gracia) en Barcelona, la junta de distrito imprimió unos carteles para concienciar en civismo. Nos los pusimos en los balcones. Yo no veo que el ruido haya bajado significativamente. Hay que hacer una ley y aplicarla (dos cosas que suelen estar lejos una de la otra). Hay que denunciar. El ruido es una agresión y así lo reconoció un tribunal europeo a una señora de Valencia que vivía cerca de una discoteca. El problema es que mientras los parlamentarios o concejales municipales sigan viviendo en Pedralbes, en Somosaguas o en La Moraleja, "malament" se van ni a dar cuenta del problema.

RECOMIENDO A LOS AFECTADOS QUE VISITEN ESTA WEB:

http://www.ruidos.org/

Puesto por a las Mayo 9, 2005 02:51 PM

Una paradoja más, como la del Ayuntamiento de Madrid que llena las paredes de anuncios de una campaña contra el ruido en nuestra ciudad, con bebé durmiendo incluido, mientras nos perfora los oidos con sus taladradoras perforando la ciudad durante todo el día, haciendo imposible mantener una conversación normal en la calle.

Otra hazaña de Gallardón, y clara la dichosa campaña de publicidad pagada por todos los madrileños, increible no?

Puesto por Jose R. Fernández a las Mayo 13, 2005 06:38 PM

i am an idiot and i am lead by richard simmons

Puesto por idiot a las Mayo 15, 2005 01:46 AM





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