"A 1980 that never happened. An architecture of broken dreams"

2002.04


Cuando escribes una novela de ciencia ficción ambientada en algún tipo de futuro reconocible, en cuanto la terminas tienes el dudoso placer de observar cómo adquiere una patina de pintoresca obsolescencia tecnológica. Por ejemplo, no hay teléfonos celulares en Neuromante. No pude preverlos. Hubiera parecido cursi, una horterada, como las radios de muñeca de Dick Tracy.

En Slashdot damos con esta entrevista a William Gibson en la que dice cosas muy repetidas ("cuando yo crecí en el Sur en los cincuenta era como hacerlo en los treinta, en un mundo dos décadas por detrás en el tiempo"), otras con chispa ("nadie había intentado escribir una novela de ciencia ficción como si fuesen Lou Reed y David Bowie quienes lo estuvieran haciendo"). Lo que más nos gusta es la cita de arriba, a la que se le puede añadir otro ejemplo de muchos: en Count Zero se introduce a la estrella de los simstims que protagonizará Mona Lisa Overdrive, pero los personajes escuchan, ven y sienten cassettes. O basta recordar que la "nieve" de los canales no sintonizados es ahora de un color muy distinto que el del cielo que cubría el puerto al principio de N, y que muchos televisores ya ni siquiera tienen nieve: han expulsado todos los canales muertos, Poltergeist ya no es posible.

Por otra parte, tampoco está mal esta otra pulla a la trilogía maldita: "Es relativamente fácil hacer películas que son muy parecidas a mi ficción sin tener que comprarme los derechos". En realidad, todo el entusiasmo sobre "la filosofía" de Matrix y demás (muy respetable en un espectador que simplemente va al cine y disfruta una película, imperdonable en tantos comentaristas, académicos, periodistas que inflaron la burbuja) es ignorancia de la primera trilogía de Gibson.

Quien de todas formas es un autor mucho más refinado artisticamente que ese supuesto sucesor con mente de esparto que es Stephenson, más rico que lo que la pendejada de "cyberpunk" pretende etiquetar. Qué forma más deliciosa y perversa de terminar una novela tan así, tan avanzada como Count Zero que como lo hace Gibson, con un padre y su hijo de siete años que salen a cazar ardillas en Virginia, un día caluroso lleno de zumbido de abejas, como si estuviesemos en cuento de su tocayo y paisano William Faulkner...

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Comentarios:

Fantástica lectura... me hice adicto después de leer de un tirón Monalisa Overdrive...de lo que más me gustó fue descubir ese puente habitado, justo en el momento en que mi proyecto fin de carrera sufría una fuerte crisis (era un edificio-puente).

Lo de matrix es increíble...

Puesto por Eme en Febrero 20, 2004 04:25 PM

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