Marzo 31, 2009

Platoniq: La Ciencia de Compartir

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imagen de Neural.it

Susana Noguero y Olivier Schulbaum, un ex-documentalista del canal de televisión Arte, iniciaron el proyecto Platoniq en Berlin hace casi diez años. Junto a Ignacio Garcia y otros colaboradores se dedican a desarrollar herramientas, acciones y eventos para fomentar la producción y distribución de cultura libre y conocimiento compartido. Su proyecto más reciente, Banco Común de Conocimiento, ha sido una presencia constante en festivales y centros de nuevos medios durante el último año y medio. Hoy en el CCCB, Platoniq dirigen la sesión Libertad, Igualdad y P2P, dentro del ciclo ICI.

El Banco es un “laboratorio portátil” que se instala en instituciones culturales, organizaciones y espacios artísticos. En estos momentos, se encuentra en el Centro de Arte Contemporáneo Bòlit de Girona, dentro de la exposición Recursos Propios. Su objetivo es poner en contacto a usuarios que pueden ofrecer conocimento especializado y de alta calidad con otros necesitados de acceder a esa información.

Inspirándose en la filosofía de ayuda mutua de los foros de Internet, los ciudadanos sitúan sobre un tablón de anuncios ofertas y demandas de conocimiento. Las cuestiones cubren un amplio espectro: desde lo práctico (“Cómo darse de baja de Telefónica”, “Mis derechos cómo Inquilino”) a otras que sirven para desencadenar debates ("Explicar las causas de la Crisis Económica") o arrancar iniciativas ("Poner en marcha una red para compartír coche").

Estas ofertas reciben “votos” en forma de usuarios que manifiestan su interés por preguntas concretas. Las más demandadas se seleccionan y pasan a formar parte de los “mercados”, grandes encuentros en que el Banco Común cobra vida y se produce el intercambio de saber.

Platoniq pertenecen a una nueva generación de agentes que más que artistas, entienden su práctica como una forma de investigación y producción cultural. Una investigación que puede llevarse a cabo fuera de los departamentos universitarios y a una distancia más corta de la sociedad civil. Por esto, el Banco Común ha pasado por contextos artísticos altamente especializados como Ars Electronica y Transmediale, los festivales más importantes de new media en Europa, pero también por escenarios de la vida real, como el que le ha llevado en las últimas semanas a las aulas de un Instituto de Educación Secundaria de uno de los barrios más conflictivos de Sevilla, dentro de la programación del festival Zemos98. “Necesitamos del apoyo del mundo institucional del arte para poder investigar y crear modelos”, afirma Olivier Schulbaum, uno de los fundadores del colectivo. “Pero nos sentimos más cercanos a la tradición de la educación libertaria, y a modelos históricos como la Escuela Moderna en Barcelona. Creemos en la idea de educación mutua, y en los que intentaron recuperar el conocimiento público en espacios como los ateneos”.

El otro gran referente del trabajo de Platoniq es, por supuesto, la ética y la política del software libre nacido en Internet. “Somos más parte del movimiento por el conocimiento libre que artistas relacionales.” El Banco Común genera un archivo documental online en el que se va recopilando toda la información recogida en sus distintas presentaciones. Pero para sus creadores, un proyecto así no tendría sentido si existiese sólo en la red. La evolución natural del proyecto tendrá que ver más con eliminar a los intermediarios y construir sistemas donde los usuarios puedan autoorganizarse y responder a la demanda de conocimiento sin necesidad de gestores ni coordinadores. SOS, su próximo proyecto, quiere combinar móviles, tablones de anuncios audiovisuales y motocicletas para crear un red de conocimiento autosuficiente, y de respuesta inmediata.

Marzo 29, 2009

Los Procomunes Sociales:
donde la propiedad intelectual se acaba

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Esta semana he tenido la suerte de participar una vez más en la edición anual de Zemos98, un evento que para mi es ya bastante más que un festival. Por encima de sus conferencias, conciertos y talleres, lo que ocurre en Sevilla durante estos días de marzo es la excusa para que se cite una comunidad tremendamente activa de bloggers, realizadores, periodistas, profesores, musicos, artistas...que cada día del año conversa, idea, y participa, gracias al impulso incansable de los miembros del colectivo y su uso ejemplar de las tecnologías sociales. Como escribe Juan Freire, el comisario -de lujo- invitado en la edición 2009, cualquiera que gaste esfuerzo y dinero en organizar una jornada, simposio o festival debería aspirar a estos resultados; la mayoría no lo consiguen.

Pero lo más importante del Zemos98 de este año, en mi opinión, es visibilizar que existe una generación emergente en nuestro país que entiende la cultura como un modo de investigación, como un laboratorio de propuestas para la sociedad. Personas, colectivos e instituciones como Medialab Prado, Platoniq, Yproductions, Amaste, La Casa Invisible, el propio Juan Freire, todos presentes en Sevilla estos días...ofrecen una visión productiva de la cultura y una comprensión de sus posibilidades transformadoras que está ausente casi por completo de las páginas de cultura de los periódicos, de las programaciones de los centros más importantes.

Mi papel en el festival fue presentar el excepcional trabajo del brasileño especialista en tecnología, ley y culturas periféricas Ronaldo Lemos. Profesor universitario de propiedad intelectual, líder de Creative Commons en Brasil, y fundador de la pionera comunidad 2.0 Overmundo, lo más interesante de su trabajo es su estudio de cómo en naciones en desarrollo y economías emergentes como su país, las nociones tradicionales de propiedad intelectual están siendo sustituidas por otros sistemas que no pretenden imitarlas, pero que crean economías alternativas que funcionan. Son los "social commons" (procomunes sociales).

Para Lemos un procomún social es lo que aparece por necesidad en Brasil, un país de 180 millones de habitantes donde sólo hay 2600 tiendas de discos y 2300 cines, pero millones de personas utilizan las 90.000 "Lan houses" (cibercafés caseros) que se reparten por cada suburbio y favela. En Brasil los canales tradicionales de distribución de la cultura son ya minoritarios, y los que mandan son los creados y gestionados por usuarios, de distintas maneras. "Muéstrame una industria cultural", dice Lemos, "y te enseñaré una versión colaborativa de ella más o menos desarrollada".

La la idea de procomún social está perfectamente definida en esta entrevista de 2007 con Lemos:

En muchos lugares del mundo la propiedad intelectual es desconocida, irrelevante, o imposible de aplicar. Esto es un hecho, una circunstancia social, y no puede evitarse. Pero lo interesante es ver cómo en esos lugares están emergiendo formas de negocio que tienen en cuenta estos hechos. La gente desarolla modelos de negocio en circunstancias en las que no pueden depender de la propiedad intelectual, y se produce mucha innovación en estos sitios.

(...) Lo que estos ejemplos demuestran es que el dogma de que la propiedad intelectual es el único incentivo para la creación es erróneo. (...) Los procomunes sociales son especialmente importantes para las periferias como maneras de apropiarse de las tecnologias para producir cultura.

Los dos ejemplos que Ronaldo Lemos utiliza habitualmente para explicar estas dinámicas son la escena de la música Tecnobrega en Brasil y la industria cinematográfica de Nigeria. Ambos están explicados al detalle en La Cultura después de la Pirateria, un artículo que escribí para ADN el pasado septiembre. El texto está en deuda con el trabajo de Lemos, y cometí el error de no citarle por ello.

Gracias a Ronaldo, y muchas gracias a Zemos98, que espero cuelguen pronto todos los vídeos de las sesiones en Sevilla, incluida esta.

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donde la propiedad intelectual se acaba"

Marzo 14, 2009

Las siete vidas del hombre-máquina

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Algunos ya lo saben: he hecho una pequeña selección de textos para Impedimenta acerca de un asunto que me apasiona considerablemente: los automatas. Hay cuatro capítulos: los orígenes (featuring: Descartes, Julien de la Mettrie, flautista y pato de Vaucanson, niños de Jacques-Droz), El Turco (feat. ETA Hoffman, Edgar Allan Poe, Sigmun Freud), las Máquinas fatales (featuring un montón de zorras metalizadas) y A mí me hizo J.F. Sebastian, un pequeño guiño a Antonio Parade y su bonita canción, featuring algunas cosas importantes, como El Test de Turing, La Singularidad de Vinge y mi texto favorito del pack; Darwin entre las máquinas, donde Samuel Butler sugiere que nosotros somos los órganos sexuales de las máquinas.

La introducción es de Patrick Gyger, director de la Maison d'Ailleurs, el extraordinario Museo de Ciencia ficción, Utopías y Viajes Extraordinarios de Yverdon. Esta es, de momento, la nota de prensa:

Las siete vidas del hombre-máquina

“El Rival de Prometeo” reune de nuevo a los autómatas más famosos de la historia con los ingenieros, filósofos, emperadores y artistas que los soñaron.


Los autómatas no se inventaron en el siglo XVIII; han existido desde que el hombre es hombre, aunque sólo fuera en sueños, pero no fue hasta el XVIII que su presencia comezó a inundar la imaginación de la gente, que acudía en masa a los circos, teatros y ferias para ver a los prodigios mecánicos con una mezcla de fascinación y horror.

“El Rival de Prometeo (Vidas de Autómatas Ilustres)”, editado y compilado por la periodista Marta Peirano, recorre los avatares de los más conocidos autómatas de la historia, la literatura y el cine. La obra se abre con la edad dorada de los creadores de «anatomías vivientes», las asombrosas criaturas del biólogo Jacques de Vaucanson, artífice del célebre «Pato con Aparato Digestivo», capaz de «comer, beber, graznar, chapotear y hacer sus necesidades en una palangana de plata». En el segundo capítulo, «El Turco» de von Kempelen, un autómata de notoriedad extraordinaria, jugador de ajedrez invencible que derrotaría a las mejores mentes pensantes del mundo, inspira más adelante las aterradoras fantasías de E. T. A. Hoffmann, Edgar Allan Poe y el ensayo sobre "Lo Siniestro", una de las más célebres interpretaciones psicoanalíticas de Sigmund Freud.

Como en el XIX no existía la perfección femenina sin maldad, la misoginia de fin de siglo desbordaría la pintura y la literatura; un capítulo que "El Rival de Prometeo" ilustra con la andreida de Metrópolis o la Eva Futura de Villiers de l’Isle-Adam, la versiń mecánica y fatal de las nereidas, vampiros y medusas de los decadentistas. El libro cierra con un último capítulo dedicado a la Inteligencia Artificial, una transición que incluye tres textos fundacionales jamás traducidos al castellano: "¿Puede pensar una máquina?", el texto donde Alan Touring expone su famoso test de Inteligencia Artificial, "Darwin entre las máquinas", una inolvidable reflexión sobre la inmortalidad de la máquina como especie ingeniada por el irrepetible Samuel Butler y "La Singularidad", una advertencia apocalíptica del ingeniero informático y escritor de Ciencia Ficción Vernon Vinge.


Según Patrick J. Gyger, historiador y director de la Maison d’Ailleurs, Museo de la Ciencia-Ficción, de la Utopía y los Viajes Extraordinarios enclavado en Yverdon-les-Bains, Suiza, quien firma prólogo del libro: «El autómata conserva una facultad inigualable para ayudarnos a delimitar los interrogantes acerca de nuestra propia naturaleza. El androide, instrumento de ficción formidable gracias a su fuerza metafórica, nos permite entablar una investigación metafísica y nos recuerda que el ser humano no ha hecho más que interrogarse a sí mismo al sacarle brillo a su propio reflejo.»

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